Mariel Muñoz
Me
levanto como todos los días para ir a trabajar pero de un tiempo a esta parte,
el despertar cada mañana significa tristeza, soledad y reflexión.
«Otro día que duele menos que ayer y más que mañana».
Se ha
convertido en mi lema: Roberto me dejó, según él no es lo suficientemente bueno
para mí porque merezco a una persona que me haga feliz. Me lo merezco.
¡Qué
gran excusa!, así es más fácil tras diez meses de relación.
Reflexiono
todo lo que viví con él y no hay nada que me haga sospechar en que fallé o en
que fallamos. Todo estaba bien, hasta que de la nada, puso punto final a
nuestra relación.
Llegando
al trabajo, me acomodo para empezar una nueva jornada laboral y no hago más que
sentarme en mi área cuando pasa frente a mí, la persona que no quiero ver en
los próximos tres años.
—Buenos
Días, Mariel —me saluda como si no hubiera pasado nada.
—Buenos
Días, Roberto —le contesto y le devuelvo el saludo sin mirarlo mientras prosigo
con mi trabajo.
—¿Todo
bien?
—Claro
que está todo bien; ¿por qué lo preguntas? —añado con una hermosa sonrisa. Ni
por equivocación le confieso que sufro por él.
—Para
saber —me responde con las manos en los bolsillos del pantalón.
—Pues
ya lo sabes, déjame trabajar, por favor.
Se
queda mirándome durante unos instantes, luego se gira y se marcha.
No
puedo entenderlo, me abandona pero en cambio se preocupa por mí y encima
quiere continuar como si aún
estuviéramos juntos. No lo entiendo. Continúo con mis labores hasta que llegar
la hora del almuerzo y marcho con dos de mis compañeras; Lisa, es mi mejor
amiga, la que me conoce mejor que yo, mi árbol de fortaleza y Angie, es mi
diablito, la que me impulsa a hacer cosas que nunca en mi vida podría llegar a
pensar y ni mucho menos a hacer.
Esta
vez comemos en silencio, creo que tenemos mucha hambre porque de lo contrario
estaríamos como loritos hablando de nuestras vidas. Como siempre la hora pasa
volando y lo poco que hablamos es para saber sobre mi ánimo del día.
—Esta
mañana vi a Roberto acercándose a ti, ¿qué quería ese malnacido?
—Angie,
sólo quería saber cómo estaba, únicamente eso.
—Hay
que tener vergüenza para ir a preguntarte como estas. ¡Será imbécil! A
sabiendas que sigues enamorada de
él y que te duele esta separación.
—Esto
no es una separación, es el final. Me dejó, se acabó.
—Tranquila
Mariel, nuestra amiga se cree que vas a caer en los brazos de Roberto porque te
hace falta un “cariñito”.
—Chicas,
de verdad, esta situación no es fácil para mí. Me dejó y tengo que verlo en la
oficina todos los días en varias ocasiones. No sé si podré soportarlo más
—ahogo un sollozo.
—Mary
por favor, no te pongas así. Ese desgraciado no sabe lo que se perdió. Eres una
estupenda y maravillosa mujer que te puedes dar la gana de conseguirte a
cualquier hombre. Con tu simpatía, con tu hermoso rostro y tu despampanante
cuerpo caribeño, sé que conseguirás a un hombre que te adore.
—Ya no
más, no quiero enamorarme, ni saber, ni andar con ningún hombre. No creo en el
amor, el amor es un sentimiento que duele, que mata poco a poco el corazón —le
digo a Lisa y ella me abraza con fuerza cuando se me escapa un sollozo porque la
situación me sobrepasa. Tanto dolor ya no aguando más.
—Lo
dices ahora porque estás dolida, enojada y decepcionada, pero cuando se te pase
el síndrome Roberto, estarás lista para el amor otra vez.
—¡No!
No estaré más enamorada de ningún hombre y ya, ¿por qué no cambiamos el tema o
simplemente nos vamos que se nos va a hacer tarde para regresar?
—¿Sabes
qué? Mary, tu despecho lo acabarás cuando te veas enfrente de un verdadero
hombre que te haga sentir de los pies a la cabeza, que te erice la piel con tan
sólo mirarte a los ojos y que te devore con la mirada. Un hombre igual al súper
modelo inglés David Gandy. ¡Oh Dios! A ese hombre no le diría que no a nada, al
contrario, le diría: Sí papi, haz lo que te dé la gana conmigo, tómame —suelto
una carcajada con las ocurrencias de mi diablito.
Regresamos
a la oficina y la tarde estuvo bastante movida. Los jefes solicitando informes
de aquí y de allá; un verdadero caos. Por lo menos, la tarde se va en un abrir
y cerrar de ojos, cuando me doy cuenta que ya es hora de la salida. Recojo mi
escritorio y espero a Angie frente a los ascensores pero para mi mala suerte Roberto
está en el pasillo. Al acercarme, él me toma por el brazo y me lleva hasta los
baños.
—¿Qué
te pasa? ¿Por qué me tratas así? ¡Suéltame que me haces daño!
—Necesito
hablar contigo.
—Pues
yo no quiero hablar, ya dijiste lo que tenías que decir. No quiero que me
molestes, ¡déjame en paz!
—No te
voy a dejar en paz hasta que me escuches.
—Entonces,
habla de una vez porque va a ser la última vez que hablas conmigo.
—Quiero
regresar contigo, perdóname. Te amo.
—¿Qué
es lo que dices? después de estos meses me vienes con esta mierda. Pues no,
ahora soy yo quien dice que no te quiere y que no quiero estar contigo. Me
dejaste y no sé por qué y ahora ni siquiera me interesa saberlo. Me hiciste
mucho daño y no, no quiero.
—Amor,
es necesario explicarte por qué lo hice.
—No
necesito ni quiero tus malditas explicaciones. Ya tu tiempo se acabó.
—Amor.
—Suéltame
y déjame salir o grito y me quedo con todo el edificio.
—Está
bien, pero cálmate.
Roberto
sale de mi camino y salgo pitada del baño; trato de llamar a Angie pero las
manos me tiemblan por los nervios del
momento y no puedo marcar su número. Y de pronto, siento unas manos cálida y
grande que se posan encima de las mías y me dice:
—Está
usted bien, ¿le pasa algo?
Y yo
niego con la cabeza sin mirarlo y sin conseguir calmarme.
—Calmase,
señorita y dígame que le pasó para que esté en este estado.
Sigo
negando con la cabeza y siento que se resbalan por mis mejillas lagrimas
contenidas. Y entonces, noto como su dedo índice levanta mi barbilla para que
lo mire. En esos momentos, me corre una fuerte corriente eléctrica que me eriza
toda la piel y nos perdemos en nuestras miradas. Desliza los dedos por mis
mejillas para secar las lágrimas sin apartar la mirada de mis ojos, es como si
nos uniera un imán, uno intenso del cual no tenemos fuerzas para separarnos.
Tanto a él como a mí, nos pasa lo mismo y sin querer bajar su mirada hacia al
móvil, me lo quita y marca el número que hace poco trataba de marcar. Observo
como completa el marcado y espera una contestación.
—Mujer dónde
te metiste, llevo casi veinte minutos buscándote —le digo furiosa porque no la
encuentro.
—Hola,
eh…¿usted es amiga de Mariel Muñoz? —le pregunta viendo la placa que indica mi
nombre.
—Sí,
soy su amiga, ¿Quién es usted?, ¿Por qué tiene el móvil de mi amiga?, ¿ Dónde
está Mariel? ¿Le ha pasado algo? Por dios, dígame.—se escucha desesperada.
—Eh,
eh… Me permite contestarle a las preguntas. Echevarría. Está nerviosa y
llorando. En su trabajo, supongo. No sé, no ha quedo hablarme.
—Voy
para allá, no la deje ir por favor.
—No hay
problema.—termino la llamada y le entrego su móvil.
—¡Mariel!
¿Usted es Mariel?
Asiente.
—¿Quiere
algo de tomar?
—No,
gracias.
—Qué
bueno que me responde porque creía que esto sería un monologo.—le digo
sonriendo.—¿Me dirá que fue lo que le paso?
—Creo
que eso a usted no le interesa. Le agradezco que me hayas ayudado pero
hasta ahí, de lo demás me encargo yo.
—Como
usted desee, yo simplemente lo decía por lo mal que estaba, pero me equivoqué.
Está perfectamente bien, así que me retiro.
—Espere,
por lo menos puede decir su nombre.
—Usted
no le interesa mi nombre.
—Sera
usted imbécil. Estoy haciendo un poco cortes y amable pero definitivamente no
se puede con las personas imbéciles, prepotentes, idiotas y orgullosas.
—Ya tiene
cuatro de mis nombres, ¿por cuál me quiere llamar?, tenemos imbécil,
prepotente, orgulloso e idiota. Con cualquiera estará a gusto en llamarme.
Claro que esto me pasa por ayudar a mujeres insensibles, frías, calculadoras,
mala agradecida y buena actriz.
—Idiota.
—Mala
agradecida, me voy y espero no toparme más con usted.
—Yo
tampoco.
El
chico se ha ido dejándome solo pero en menos de diez minutos, llega Angie toda
desesperada y preocupada por lo que me ha pasado.
—Amiga,
¿qué te paso? Un hombre me llamo que estabas mal y vine corriendo. —Y el chico
estaba contigo, se supone que me esperará, se lo dije.—mirando hacia todos los
lados buscándolo.
—Pues
no te hizo caso. No era necesario que se quedará.
—Me vas
a decir lo que paso.
—Te lo diré pero no aquí, necesito irme
de aquí.
—Vamos a mi departamento.
En el
departamento de Angie, preparamos algo para comer y comienzo a contarle. Le narro
lo que me sucedió con Roberto en el baño del trabajo, sus palabras de
arrepentimiento, su deseo de volver conmigo y la visita inesperada del chico.
—Pero
será idiota tu ex. Me imagino que no volverás con él.
—Se lo
he dicho, me hizo daño y quiero estar sola por una larga temporada.
—Si
claro, como tú digas pero estoy segura que ahora que estas en el mercado libre
van a salir todos tus enamorados a conquistarte.
—No me
interesa nada que tenga que ver con el amor. Así que no inventes.
—Mariel,
que estés pasado por una desilusión amorosa no significa que no le vas a dar
“cariño” al cuerpo. Estoy cansada de repetirte todas tus cualidades tanto
físicas como emocionales y no crees que seas hermosa.
—Angie,
te lo he dicho muchas veces, no estoy para el amor.
—¿Quien
dijo que te tienes que enamorar? Puedes darte el gusto con algún chico guapo o
pensaras usar tu amigo de plástico toda la vida.
—Eres
incorregible.—me rio.
—Así
soy y me amas. Para tu comodidad cambiaré el tema, ya tienes la ropa que te vas
a poner en la fiesta de San Valentín.
—Oh,
oh… yo no iré a esa fiesta.
—¡Como
que no, tienes que ir! Aunque tenga que llevarte arrastra, iras.
—No
iré; voy a estar sola, tú y Lisa estarán con sus parejas, Roberto también irá y
me imagino con pareja.
—¡Si
iras!—se para enfrente de mi con los brazos cruzados.
—No y
es mi última palabra.—me paro e imito su postura.
—Pero
te vas a quedar sola.
—No es
la primera ni la última vez que me quede sola en mi departamento.
—Ese
día se supone que lo pases con tu familia, con amigos o con tu pareja.
—Exacto,
no tengo familia cerca, mis mejores amigas se van a disfrutar con sus amores y
no tengo novio. No insistas, por favor y respeta mi decisión.
Terminamos
de comer, la ayude a recoger la mesa y me despedí de Angie porque si me quedo
hará un complot para que vaya a la fiesta y de verdad, no me interesa ir. Me haría
mucho daño si voy.
Al día
siguiente; llego a la oficina y saludo a mis compañeros mientras hago el
recorrido hacia mi área para comenzar mis labores, estoy guardando mis
pertinencias cuando observo mi ordenador, en donde había una rosa blanca
descansando sobre el teclado. No había nota y aun no llegaban mis compañeros
vecinos. Rápidamente camino hacia el cubículo que ocupa Roberto no lo encuentro;
además, sus cosas están como él siempre las coloca. Me dirijo a la cocina en
buscar de un vaso para llenarlo de agua y colocar la rosa que me acaban de
dejar.
Regreso
a mi mesa, coloco la rosa en el vaso y comienzo mis tareas. Acabo de cinco
minutos; llega Lisa y Angie a saludarme y se sorprenden cuando ven la rosa. Les
explico como la encontré y me hacen miles de preguntas las cuales no tengo
contestación. Angie se da a la tarea de preguntar a todos pero nadie sabe nada.
Estamos locas por saber quién me dejo la rosa. El día ha transcurrido muy
agitado con tanto trabajo para sacar a fin de mes. Al terminar; regreso a casa
sin hacer paradas, me preparo para hacer un poco de ejercicios para liberar las
tensiones y descansar que aún me queda días intensos por delante.
Me
levanto muy temprano y cuando llego encuentro en el mismo lugar otra rosa pero
esta es de color amarillo y sigue sin dejar nota. Voy a la recepción y le
pregunto a Gloria que si hay alguien más en la oficina adicional a nosotras y
me indica que no.
«Este
detalle me hace pensar que la persona está detrás de todo esto lo hace en la
tarde cuando nadie está. ¿Quién puedes ser?»
Coloco
la nueva rosa en el vaso acompañando la otra y comienzo mi día. Cuando voy a
encender mi ordenador, no prende. «Esto
es lo último que me podía pasar». Como no hay nadie en la oficina que me
pueda ayudar con el problema, ordeno los documentos con que estaré trabajando
para ganar tiempo en lo que es la hora de llamar al área de Tecnología para que
venga a revisarlo.
Son las
ocho y media de la mañana, llamo a Tecnología para que vengan a cotejar mi ordenador.
Quien me atiende es el supervisor del área; el Sr. Ortiz me indica en diez
minutos estará su nuevo ayudante y terminamos la conversación. Continuo con mis
tareas y para seguir dañándome la mañana se asoma Roberto por mi cubículo.
—Buenos
días, Mariel.—me saluda tímidamente.
—¿Qué
quieres Roberto?—le respondo sin deseo de que se quede.
—Nada,
solo… ¿y esas rosas? No me digas que tienes novio.
—A ti
no te importa.—respondo de mala manera haber si se va y me deja tranquila.—Por
qué no haces que te vas y te largas me haría un enorme favor. No estoy de ánimo
para escucharte y mucho menos verte.
—Mujer,
que carácter. Nunca te conocí de ese ánimo.
—Porque
nunca quisiste conocerme en realidad.
—¿A qué
se debe tu visita?—interrumpe Angie parándose delante de mí con los brazos
cruzados y mirando a Roberto como si fuera a fulminarlo.
—Nada,
ya me voy.
—Sí, vete
y no se te ocurra pasar por acá porque si lo haces te hago una querella.
—Ya me
fui.—dice caminando fuera de mi vista.
—Gracias,
Angie. No sé lo que quiere después de todo.
—Simple,
está arrepentido.
—Pues
conmigo no. No me atrae ni tan siquiera me gusta.
—¡Qué bueno
escuchar eso! Muy buenos días.—me saluda dándome un beso en la mejilla.
—Buenos
Días, Angie.- le respondo el saludo riéndome, es que mi amiga es especial, mi
diablito me defiende hasta de mi sombra.
—¿Como
que alguien tiene un admirador secreto o es un enamorado?
—No es
un admirador y mucho menos un enamorado. Posiblemente se equivocó de escritorio,
aquí todos los cubículos se parecen. Veras que mañana no habrá más rosas, ok.
—Si tú
lo dices.
—Buenos
Días, señorita Muñoz—escuchamos una voz interrumpiendo nuestra conversación y
Angie bloquea con su cuerpo cuando se voltea a mirar a quien le pertenecía.

La seguiras publicando xf que dias kiero leerla
ResponderBorrarHola Josefa, gracias por leer este relato; lamentablemente es un relato corto. Quizas la pueda desarrollar como novela pero por ahora no. En la medida que pueda subire unos relatos. Asi que esta pendiente aqui o en mi fanpage. Gracias por tu apoyo, Besos
Borrarmadre del amor hermoso espero sea el tipo que la ayudo y felicidades hija te dejo un beso y espero sigas tu nada mas me avisas tkm
ResponderBorrarJajajaja, ya conoces como escrito. jajaja. Gracias mami por siempre leerme. TQM Besos
Borrar